¿Qué es el “Control Sano” y cuál es su importancia?

¿Solo es necesario llevar a nuestros hijos al doctor cuando están enfermos? Por supuesto que cuando algo no va bien en nuestros pequeños, se debe acudir al pediatra, pero, aunque parezca innecesario, es fundamental controlarlos
cuando están sanos, periódicamente. El control de salud en la infancia es la instancia en que se vincula al niño, padres o cuidadores, con los profesionales de la salud, un servicio que se entrega a todos los niños y niñas de 0 a
9 años y que, cuando es rutinario, se denomina “control sano”.
La medición del peso, talla y perímetro cefálico del menor, la evaluación de su desarrollo psicomotor, el calendario de vacunas, así como orientar a los papás sobre los distintos aspectos del crecimiento infantil, son algunas de las
actividades que se realizan durante el control del niño sano. En estas visitas, es el momento de resolver dudas sobre las necesidades nutricionales y emocionales del pequeño, averiguar algunos tips que ayudarán a los padres a prevenir accidentes caseros, y cualquier pregunta necesaria para que todo ande bien con los niños.
El primer control se hace en la maternidad, en el momento en que nace el bebé. Se observa que no tenga  malformaciones ni enfermedades, se le aplica su primera vacuna (la BCG contra la tuberculosis), se realiza examen de detección precoz de problemas auditivos y se continúa con la estimulación de la lactancia materna que se inició durante el embarazo. A la semana, se acude nuevamente al pediatra para evaluar cómo evolucionó en esos primeros siete días. Además del peso y la talla, se revisa que no existan malformaciones congénitas ni problemas oculares, auditivos o cardíacos. Con los datos de su peso y talla comienza tomar forma su curva de crecimiento. Con ella
se puede determinar si el niño crece en forma normal. Además, se refuerzan las normas de crianza, higiene, se fomenta el sueño y se estimula el pecho a libre demanda.
El control sano se efectúa con distinta periodicidad dependiendo de la edad del niño. Los primeros 6 meses los controles se realizan con mayor frecuencia, idealmente cada mes, porque el riesgo de enfermedad es mayor. Durante el examen también se chequean los hitos del desarrollo psicomotor del pequeño que son su
capacidad de desarrollar ciertas tareas definidas de acuerdo a su edad, como levantar la cabeza o sonreír, y a los papás se les dan consejos sobre cómo estimularlo y a qué elementos estar atentos. Los primeros meses, sobre todo si es la primera guagua en la familia, se refuerza a los papás para que capten las señales que envía el bebé y así generar un buen apego entre ellos. También se les enseña a detectar los síntomas de enfermedades o dolencias comunes para que sepan diferenciar cuándo pueden manejar la situación por cuenta propia y cuándo es necesario
llevarlo al médico o a la urgencia. Después de los seis meses, el control se realiza, en general, cada dos meses. Hasta esta edad se aconseja la lactancia materna exclusiva. Ahora empieza la introducción de nuevos alimentos y la curva de crecimiento ya no es tan rápida como antes. Se sigue evaluando el desarrollo psicomotor y se comienza a vislumbrar el carácter del niño por lo que es importante reforzar el establecimiento de estilos de crianza
adecuados. Se refuerza los hábitos incipientes de higiene dental y se refuerza la instauración de hábitos nutricionales adecuados. Desde los 12 meses hasta los dos años, el control se realiza, en general, cada tres meses.
Poco después del año la mayoría comienza a caminar, por lo que en esta etapa se informa sobre la prevención de accidentes que pueden ocurrir cuando el pequeño es capaz de desplazarse por sí mismo. Además, se hace la modificación de la consistencia de los alimentos, porque el niño ya puede comer lo mismo de las comidas familiares. El aseo dental es importante, así como la pesquisa precoz de defectos en la marcha.
Después de los dos años el control sano se realiza, en general, cada seis meses; a esta edad disminuye la asistencia al control de urgencia ya que el sistema inmunológico del niño está más desarrollado y, por lo tanto, ya no se enferma tan frecuentemente. Esta edad coincide muchas veces con la llegada del hermano, por lo que el apoyo a la familia, con consejos de crianza, pueden ser muy útiles. Los controles de la etapa preescolar son importantes porque se evalúan las habilidades visuales, auditivas y motoras que ayudarán en el posterior aprendizaje a leer. Al inicio de la etapa escolar se chequean entre otras cosas los hábitos de alimentación porque muchos menores tienen tendencia al sobrepeso, que de ser mantenida acarrea problemas cardiovasculares en la etapa adulta. A esta edad la evaluación de columna es muy importante. Paralelo a este control, está el Calendario de Vacunas del Programa Nacional de Inmunizaciones y el Control con Enfoque de Riesgo Odontológico, que busca prevenir los trastornos de la salud dental. El programa de control del niño sano realizado en consultorios termina cuando éste cumple 9 años. Sin embargo, la Sociedad Chilena de Pediatría recomienda que continúe al menos una vez al año hasta los 18 años para no pasar por alto ninguna patología importante y conductas asociadas a la adolescencia, a las que hay que estar atentos.

 

Rescatado de: http://www.sochipe.cl/ver2/mihijo/43.pdf 

Lactancia materna, la mejor forma de cuidar a tu bebé

Ningún alimento es mejor para el bebé que la leche materna, ya que contiene todos los nutrientes que tu hijo requiere. Ésta es una de las muchas razones por las que es bueno que puedas amamantar a tu pequeño. A medida que nuestro hijo va creciendo, la leche se va adecuando a sus necesidades, además siempre está lista, protegida de gérmenes y a la temperatura adecuada.

La leche materna mantiene en óptimas condiciones el sistema de defensas del bebé, por lo que alimentarlo con el pecho también lo protegerá de enfermedades: tiene con menor frecuencia problemas respiratorios, digestivos, otitis o alergias y, en caso de padecerlos, serán mucho más leves. Y no solo eso, también favorece la calcificación de sus huesos y futuros dientes y estimula un buen desarrollo facial. Además, será más activo y tendrá un menor riesgo de desarrollar obesidad y diabetes.

La experiencia de ser amamantado le facilita a tu hijo ganar y desarrollar apego temprano, lo que le da confianza, consuelo y seguridad. Esta estrecha relación que el niño establece con su madre le ayudará en sus relaciones afectivas en el futuro ya que le entrega fortalezas psicológicas para explorar y conocer el mundo con más confianza.

Por último, la leche materna permite que tu hijo adquiera una flora intestinal, la Microbiota, que le ayudará a que su tubo digestivo y todo su metabolismo funcione de mejor manera, facilitando una mejor salud global.

¡También la mamá se beneficia de la lactancia!

Pero los beneficios no son solo para el bebé. Para ti, mamá, dar pecho te brinda también muchas y grandes ventajas:

• Facilita el proceso de apego con tu bebé y reduce los niveles de estrés gracias a la producción de unas hormonas llamadas oxitocina y prolactina, las que además disminuyen el riesgo de depresión post parto, favorecen una visión más optimista de la vida y te brindan felicidad.

• Te ayuda a recuperar el peso que tenías antes del embarazo. Se calcula que si das pecho exclusivo, quemarás unas 500 calorías extra diarias.

• La lactancia inhibe la ovulación, por lo que disminuiría la probabilidad de un embarazo muy cercano al que recién tuviste. Además, el retraso del reinicio de la menstruación te ayuda a disminuir la pérdida de hierro, por lo que tendrás menos riesgo de padecer anemia.

• Al estar la leche siempre disponible y con la temperatura adecuada, facilita el trabajo de preparación del alimento, permitiéndote tener más tiempo para ti, para el resto de la familia y amigos.

• Te protege contra la osteoporosis y los cánceres de mama y de ovario.

¿Qué es el calostro?

Se trata de un tipo de leche materna que empieza a producirse en las últimas semanas de embarazo. Será el primer alimento que tome el bebé durante sus dos a cinco primeros días, ya que a partir de ese momento es cuando la mamá empieza a producir leche madura.

El calostro es un fluido de color amarillento, más viscoso y denso que la leche materna. Constituye el alimento perfecto para el bebé durante los días justo posteriores al parto porque es rico en proteínas y células inmunológicamente activas e inmunoglobulinas, permitiendo estimular en los recién nacidos su sistema de defensas y protegiéndoles contra diversas infecciones. También contiene factores de crecimiento que ayudan a madurar el intestino de los pequeños para funcionar con eficacia y, de esta forma, estimular el movimiento intestinal del bebé. El calostro tiene factores estimulantes, hormonas y es rico en vitamina A, lo que les ayuda a proteger la visión, la piel y reducir el riesgo de infecciones.

Normalmente el calostro se produce en una cantidad menor que la leche madura, debido a que el recién nacido tiene una capacidad reducida en su estómago. Por eso mismo, el calostro es de muy fácil digestión. En esta etapa es muy importante no administrar líquidos o fórmulas lácteas a menos que exista una indicación médica, ya que la producción y maduración de la leche depende en gran medida de que el bebé sea puesto frecuentemente al pecho. Esto, porque es la succión de la mama la que permite que se produzca la liberación de hormonas encargadas de la producción y salida de la leche. Entonces, no es el color, aspecto o volumen aparente lo que debe indicar si se requiere algún complemento. Solo si hay una indicación del pediatra, de lo contrario no le ofrezcas ningún otro líquido fuera del pecho.

¿Cómo dar el pecho?

Piel con piel. Es importante que el recién nacido sea colocado encima de su madre, sin interrupciones ni interferencias, tan pronto nazca y al menos hasta que el bebé haya hecho la primera toma de pecho, e idealmente durante todo el tiempo que madre e hijo deseen.

El recién nacido tiene reflejos y capacidades innatas. Si lo colocamos boca abajo sobre el abdomen de la mamá, gracias a sus sentidos (sobre todo el tacto y el olfato), y a sus reflejos, es capaz de llegar por sí solo al pecho materno. Irá reptando hasta él, lo olerá, lo tocará con las manos y la boca y, finalmente, será capaz de agarrarse al pecho espontáneamente con la boca totalmente abierta, abarcando el pezón y gran parte de la areola.

Cuando recién nace, el bebé tiene una fase de unas dos horas en las que se encuentra muy despierto y activo. En este período la mayoría de los bebés consigue realizar su primera toma al pecho espontáneamente. Después, pasan a una fase de sueño que puede durar varias horas. Durante esta fase, no es conveniente forzar al bebé a alimentarse sino que lo que conviene es ofrecerle suavemente el pecho si ya han pasado más de tres a cuatro horas sin despertar.

A partir del primer día de vida lo habitual es que el lactante mame frecuentemente, unas 8-12 veces al día, o más. Las tomas suelen ser irregulares y más frecuentes por la noche. Sin embargo, algunos lactantes continúan muy adormilados, piden poco y maman menos de lo que necesitan. En estos casos, conviene colocarlos en contacto piel con piel, lo que ayuda a que respondan al olor de la madre y mamen de forma espontánea. En ocasiones, si ya han pasado más de tres a cuatro horas, puede ser necesario ayudarlos a despertarse mudándolos, dándoles un masaje en la planta de los pies o con una suave caricia en la espalda de abajo a arriba. Después del primer mes de vida, si el bebé quiere dormir más tiempo…permíteselo..!! ya no hay riesgo de que la producción de leche se vea afectada ni a tu bebé le va a hacer daño que pase más horas sin alimentarse.

Menú del día: ¡Libre Demanda!

Es importante ofrecer el pecho siempre que el bebé lo requiera y todo el tiempo que necesite. A eso se le llama “Libre Demanda”. De esa manera estaremos seguros de que recibe todo lo que necesita: unas veces será alimento, otras calor, cariño o sensación de protección. El principal estímulo para la producción de leche es la misma succión del niño y el vaciado del pecho. Por ello, cuantas más veces mame, más cantidad de leche se producirá. En el fondo, la leche no se gasta, y cuanto más tome el bebé, más leche produce la madre.

Los signos más precoces de hambre son el cabeceo, sacar la lengua, llevarse las manos a la boca… Ese es el momento ideal para ponerlo a mamar. No es bueno esperar a que llore para ponerlo al pecho, ya que el llanto es un signo tardío de hambre y puede no ser fácil que se agarre al pecho hasta que se haya tranquilizado. El recién nacido sano que mama adecuadamente y a libre demanda, no necesita otros líquidos diferentes a la leche materna.

Dar pecho no duele: asegura que tu bebé aprenda un buen agarre. Si el bebé está bien acoplado, la lactancia no debería doler. La mayoría de los problemas se deben a errores en la técnica de lactancia por una posición inadecuada, un agarre incorrecto o una combinación de ambos. Una buena técnica de lactancia evita la aparición de complicaciones como grietas y dolor, vacía correctamente el pecho y permite una producción de leche adecuada para cada bebé.

Para lograr un buen agarre es importante que todo el cuerpo del bebé esté enfrentado a la madre, y que al abrir la boca introduzca gran parte de la areola, especialmente por la parte inferior (donde tiene la barbilla) para que al mover activamente la lengua y hacer presión no lesione el pezón. Los signos que nos indicarán un buen agarre son: que el mentón del bebé toca el pecho, que la boca está bien abierta, el labio inferior está evertido (hacia afuera) y las mejillas estén redondas o aplanadas (no hundidas) cuando succiona. Además, se tiene que ver más areola por encima de la boca que por debajo.

De la lactancia al alimento no lácteo

La Organización Mundial de la Salud (OMS) recomienda la lactancia materna exclusiva (es decir, sin agregar agua, jugos o fórmulas lácteas), hasta los 6 meses de edad y complementarla con una alimentación no láctea adecuada, hasta los dos años de vida o más. Ahora bien, madre y bebé deben decidir hasta cuándo mantener la lactancia. Dar el pecho más allá de los dos años de edad del lactante, aunque es poco frecuente, puede seguir siendo beneficioso para ambos.

A partir de los 5 a 6 meses, la mayoría de los lactantes se mantienen sentados con ayuda, empiezan a mostrar interés por otros alimentos, son capaces de expresar con gestos el hambre y la saciedad, y han perdido el reflejo que les hace echar productos más enteros fuera de la boca. Todo ello indica que el bebé está preparado para tomar otros alimentos. Por otra parte, a partir del sexto mes de vida los bebés empiezan a necesitar más de algunos nutrientes, y pueden empezar a quedar con hambre solo con la leche materna. Por eso se recomienda complementarla con otros alimentos, pero la alimentación básica del lactante debe seguir siendo la leche materna.

Es aconsejable ofrecer al principio cantidades pequeñas de otros alimentos y poco a poco ir aumentándolas. Sigue las recomendaciones de tu pediatra para ir introduciendo los alimentos nuevos, especialmente si hay antecedentes de alergias. Al ir ofreciendo gradualmente los alimentos habituales de la mesa familiar, procura incorporar a tu niño a una dieta sana y variada.

El papá y la lactancia

Aunque sólo la madre puede dar el pecho, la contribución del padre es muy importante. Es aconsejable que ambos, papá y mamá, tengan información sobre la lactancia y el comportamiento del recién nacido, por eso es bueno que los papás también pregunten sus dudas al equipo de salud en los controles que hagan al niño.

Durante los primeros días muchas mujeres tienen dudas sobre su capacidad de dar pecho. El apoyo emocional que da el padre, o la pareja, en esos momentos es fundamental para dar confianza y tranquilizar a la madre. El papá también puede ocuparse de algunas tareas domésticas para alivianar el trabajo de la madre, como el cuidado de los otros hijos, cambiar pañales, bañar al bebé, sostenerlo, tranquilizarlo o disfrutar del contacto piel con piel con la guagua mientras la mamá descansa. Esto último suele ser muy placentero para ambos y permite establecer y fortalecer importantes vínculos emocionales para toda la vida entre padre e hijo o hija.

El papá también juega un papel importante como filtro o amortiguador de los comentarios torpes o negativos que, habitualmente sin mala intención, hacen otras personas, y que a veces pueden dañar la confianza de la madre en sus propias capacidades. También puede ocuparse de las visitas que en ocasiones cansan a la madre durante los primeros días de vida del pequeño, asegurando la tranquilidad, intimidad y confort que toda mamá necesita al amamantar.

Pero sobre todo, el padre o la pareja de la madre debe mantener una actitud de cariño, de preocupación y de amor hacia la madre, facilitando que la madre se siga sintiendo querida, linda y apoyada, lo que no solo ayuda al bienestar de la mamá, sino que impacta positivamente en el ambiente en que el bebé se cría, apoyando su buen desarrollo.

10 PASOS PARA LACTANCIA MATERNA EXITOSA, DE UNICEF

Estas son recomendaciones para los equipos de salud, pero es bueno que como padres los tengan en cuenta para exigir sus derechos a ejercer lactancia materna de la mejor forma posible desde el nacimiento:

1. Disponer de una política por escrito relativa a la lactancia materna que sistemáticamente se ponga en conocimiento de todo el personal de atención de la salud.
2. Capacitar a todo el personal de salud de forma que esté en condiciones de poner en práctica esa política.
3. Informar a todas las embarazadas de los beneficios que ofrece la lactancia materna y la forma de ponerla en práctica.
4. Ayudar a las madres a iniciar la lactancia durante la media hora siguiente al alumbramiento.
5. Mostrar a las madres cómo se debe dar de mamar al niño y cómo mantener la lactancia incluso si han de separarse de sus hijos.6. No dar a los recién nacidos más que la leche materna, sin ningún otro alimento o bebida, a no ser que estén médicamente indicados.
7. Facilitar la cohabitación de las madres y los lactantes durante las 24 horas del día.
8. Fomentar la lactancia materna a libre demanda.
9. No dar a los niños alimentados al pecho chupadores o chupetes artificiales.
10. Fomentar el establecimiento de grupos de apoyo a la lactancia materna y procurar que las madres se pongan en contacto con ellos a su salida del hospital o clínica.

Fuente: Diario Mi Hijo (Publicado en el sitio Sochipe)

Niños con Autismo: Viviendo un mundo diferente

Los trastornos del espectro autista constituyen un grupo de alteraciones del comportamiento derivadas de un desarrollo diferente a cómo funciona nuestro cerebro, del que mucho se escucha hablar, pero del que poco se sabe.

Las causas de este trastorno todavía no están suficientemente establecidas y las afecciones pueden ser muchas y muy variadas. Los bebés que tienen este trastorno no se dejan mimar, evitan el contacto visual y no parecen querer o necesitar contacto físico o afecto, no sonríen o levantan sus brazos antes de ser levantados. Pueden volverse rígidos o flojos cuando se los sostiene, llorar cuando se les levanta y mostrar poco interés por el contacto humano. No desarrollan el apego habitual con sus padres y no muestran ninguna ansiedad normal hacia los desconocidos.

Las capacidades de aprendizaje, pensamiento y resolución de problemas de niños autistas son distintas, desde niños con muy altos niveles de capacidad que apenas necesitan ayuda en su vida diaria hasta otros niños con grandes dificultades que requieren del apoyo constante para desenvolverse en lo cotidiano.

¿Cuándo se detecta el autismo?

Algunos padres notan desde lactantes que su hijo no se conecta visualmente, otros que los cambios ocurren más tarde, al percibir que el pequeño comienza a rechazar a la gente, actuar en forma extraña y perder el lenguaje y las habilidades sociales que tenía. En otros casos hay una lentitud en el nivel de progreso del desarrollo, de manera que esta diferencia se vuelve cada vez más notoria a través del tiempo respecto de otros niños de la misma edad.

Este trastorno suele desarrollarse antes de los 3 años de edad y dura toda la vida, aunque los síntomas pueden atenuarse con un buen tratamiento.

Habilidades sociales y autismo

Los problemas sociales son uno de los síntomas más comunes de todos los tipos de autismo y pueden generar problemas graves en la vida cotidiana. Los bebés con un desarrollo normal se interesan por el mundo y las personas que los rodean. Para cuando cumplen el primer año de vida, un niño normalmente interactuará con sus pares haciendo contacto visual, repitiendo palabras y acciones, y usando gestos sencillos como saludar con la mano. Pero los pequeños con un trastorno de autismo pueden tener mucha dificultad para aprender a interactuar con otras personas.

Algunos ejemplos:

• No responden a su nombre cuando tienen 12 meses de edad.
• Evitan el contacto visual.
• Prefieren jugar solos.
• No comparten intereses con los demás.
• Interactúan únicamente para llegar a una meta deseada por ellos.
• Tienen expresiones faciales apáticas o inadecuadas.
• No comprenden los límites del espacio personal.
• Evitan o se resisten al contacto físico.
• No aprecian el consuelo proporcionado cuando están angustiados.
• Tienen dificultades para comprender los sentimientos de otras personas y para hablar de sus propios sentimientos.

Comunicación

Las formas y habilidades de comunicación de las personas con autismo son muy variadas. Algunas pueden hablar bien, otras hablan muy poco o no lo hacen. La mayoría de niños con este trastorno están ensimismados y parecen vivir en un mundo propio donde no se comunican ni interactúan con los demás. Pero no todos tienen problemas con el lenguaje, ya que sus habilidades de comunicación pueden variar en función de su desarrollo intelectual y social. Ahora bien, por lo general se repiten ciertos patrones de lenguaje y comportamiento:

• Lenguaje repetitivo o rígido. Es común ver que los niños con autismo hablan y dicen cosas sin sentido o que parecen estar fuera de contexto. Por ejemplo, el niño cuenta del uno al cinco repetitivamente o puede repetir una y otra vez las palabras que ha escuchado. Algunos niños autistas hablan en un tono de voz más alto o con una voz musical o a veces mecánica, como la de un robot. Otros usan frases hechas para iniciar una conversación, por ejemplo, el niño dice “Me llamo Raúl”, aunque esté hablando con familiares y amigos que ya lo conocen. Otros pueden repetir lo que escuchan en los programas o comerciales de televisión.

• Intereses específicos y habilidades excepcionales. Algunos niños pueden iniciar un monólogo muy profundo sobre un tema que les interesa, aunque no puedan llevar a cabo un diálogo sobre el mismo tema. Otros tienen talento musical o una habilidad avanzada para contar y hacer cálculos matemáticos. Aproximadamente, el 10% de los niños con este trastorno presentan habilidades de “sabio” o son excepcionalmente hábiles en áreas específicas, como recordar fechas del calendario, ejecutar música o resolver problemas matemáticos.

• Desarrollo desigual del lenguaje. Muchos niños con este trastorno desarrollan ciertas habilidades del habla y del lenguaje que no corresponden al nivel normal y su progreso generalmente es desigual. Por ejemplo, pueden desarrollar rápidamente un gran vocabulario en una determinada área de interés. Muchos niños tienen buena memoria para la información que acaban de escuchar o ver. Algunos leen antes de los 5 años, pero no entienden lo que leen. A menudo no contestan cuando los demás les hablan ni tampoco cuando los llaman por su propio nombre, razón por la que a veces se cree equivocadamente que los niños con el trastorno del espectro autista tienen un problema de audición.

• Poca habilidad para la comunicación no verbal. Es común que estos niños no puedan hacer gestos (como señalar un objeto, por ejemplo), para dar significado a lo que dicen. Por lo general evitan el contacto visual, lo que los hace parecer maleducados, desinteresados o distraídos. Sin la posibilidad de hacer gestos o usar el lenguaje para comunicarse, muchos niños autistas se frustran y es posible que demuestren esa frustración con arrebatos verbales u otros comportamientos entendidos como “inapropiados”.

Tratamiento

Si el médico sospecha que el niño tiene un trastorno del espectro autista o un problema de desarrollo, por lo general requerirá ser evaluado por una serie de especialistas, entre ellos, un fonoaudiólogo quien podrá diseñar un programa de desarrollo de habilidades comunicacionales tras una evaluación completa de la capacidad del niño para comunicarse.

Es fundamental enseñarles a los niños autistas cómo comunicarse para que puedan alcanzar su verdadero potencial. Existen muchas maneras para mejorar las habilidades de comunicación y el mejor programa es el que comienza temprano, durante los años preescolares, adaptado a la edad y los intereses del niño. También es importante tratar los problemas de comportamiento reforzando regularmente las acciones positivas. En su mayoría, estos niños responden bien a los programas especializados y bien estructurados, en la medida que los padres o cuidadores, junto a otros familiares, estén comprometidos en el programa de tratamiento para que éste forme parte de la vida diaria.

Para los más pequeños, una meta del tratamiento es mejorar la comunicación verbal, meta que es posible de alcanzar si se pone atención al desarrollo del lenguaje desde un comienzo. Así como los niños aprenden a gatear antes de caminar, también desarrollan habilidades previas al lenguaje antes de comenzar a usar palabras, las que incluyen uso del contacto visual, gestos, movimientos del cuerpo, balbuceo y otras vocalizaciones como ayuda para su comunicación.

Para los niños autistas un poco mayores, el entrenamiento en comunicación básica por lo general se enfoca en el uso funcional del lenguaje. Por ejemplo, aprenden a mantener una conversación con otra persona, lo cual incluye mantenerse dentro del tema y esperar el turno para hablar.

Algunos niños con este trastorno quizá nunca lleguen a desarrollar habilidades del lenguaje verbal. Para ellos, la meta puede ser llegar a tener una comunicación gesticulada como la que se utiliza en el lenguaje de señas. Otros tienen como meta comunicarse mediante un sistema de símbolos donde se usan dibujos para comunicar ideas. Los sistemas de símbolos incorporan, entre otras cosas, pizarras para dibujar, tarjetas y hasta aparatos electrónicos sofisticados que generan el lenguaje a través de botones que representan acciones comunes.

¿Cómo actuar ante el mal comportamiento?

El pequeño con autismo puede usar un mal comportamiento como medio de comunicación, porque no entiende lo que está pasando o simplemente porque necesita expresar su frustración cuando las cosas no son como él espera o desea. Por lo tanto, dejamos a continuación una serie de recomendaciones sobre cómo reaccionar ante estas actitudes:

1. No respondas a un mal comportamiento con una mala actitud. Debemos actuar de forma calmada y no reaccionar aumentando su ansiedad o su enfado. Tampoco se puede compensar ese comportamiento erróneo como, por ejemplo, poniéndole su serie favorita en la televisión. Es decir, no hay que reprenderlos pero tampoco premiarlos.

2. Saber que en esos momentos no está en su mejor momento para recibir disciplina. No intentes imponerle una acción o corregirlo cuando está enfadado, distraído, sobre-estimulado, encerrado, ansioso o en cualquier otro estado emocional donde su inestabilidad le impida interactuar contigo.

3. No alces la voz. Si le gritas, puede oír el volumen, el tono o el enfado que sientes pero no entenderá las palabras y no sabrá qué es lo que ha hecho mal, con lo que puede aumentar la frustración de los dos. Habla en un tono suave y agáchate junto a él para estar a su altura y facilitar esa comunicación.

4. Haz un seguimiento del mal comportamiento. A veces ayuda anotar cuáles son las circunstancias en las que aparece un “mal” comportamiento: qué personas tomaron parte, qué hora era, en medio de qué actividad, cuáles fueron los posibles detonantes… La esperanza es que surja un patrón que permita poder corregirlo.

5. Explora si hay varios sentimientos mezclados. Puede que te diga que estaba enfadado y eso era evidente, pero quizá además estaba asustado, ansioso, celoso, frustrado, triste…

6. Céntrate en lo positivo. En vez de decirle lo que no tiene que hacer, dile lo que tiene que hacer. Refuerza cuando haya hecho algo bien usando un lenguaje positivo, que le anime a seguir actuando bien.

7. Establece límites. Muchos niños con autismo tienen intereses repetitivos u obsesiones. A veces es un problema para el comportamiento como cuando están viendo sus dibujos animados y hay que ir a algún lado u otra persona quiere ver algo en la tele. Puedes decirle que solo puede ver televisión durante media hora después de cenar o usar su programa favorito como recompensa para premiar un buen comportamiento.

8. Practica con él. Todos los niños necesitan repetir una actividad hasta incorporarla en su vida cotidiana y hacerla como tú esperas que la haga. Un niño con autismo puede necesitar mucho más tiempo y más repeticiones. Es mejor que practiques en un ambiente tranquilo y cuando él lo haya dominado ir aportando algunas variaciones para ampliar ese aprendizaje.

A TENER EN CUENTA

Podríamos estar en presencia de autismo si:

• A los 12 meses aún no responde a su nombre.
• A los 14 meses no señala los objetos para demostrar su interés.
• A los 18 meses no hace juegos de simulación.
• Evita el contacto visual y quiere estar solo.
• Tiene dificultades para comprender los sentimientos de otras personas y para hablar de sus propios sentimientos.
• Presenta retrasos en las destrezas del habla y el lenguaje.
• Repite palabras o frases una y otra vez (a esto se llama “ecolalia”).
• Da respuestas que no se relacionan con las preguntas que se le hacen.
• Se irrita hasta con los más pequeños cambios en su rutina.
• Tiene intereses obsesivos.
• Aletea con las manos, balancea mucho su cuerpo o gira en círculos.
• Tiene reacciones poco habituales al sonido, el olor, el gusto, el aspecto, el tacto o el sonido de las cosas.

Fuente: Diario Mi Hijo (Publicado en el sitio Sochipe)

Dejar llorar al bebé… ¿es natural?

¡FALSO! El llanto del bebé es su medio de comunicación con los adultos, ya que el bebé no sabe hacer otra cosa más que llorar cuando necesita o le molesta algo. Por lo tanto, nunca debes dejar llorar a tu pequeño sin atenderlo.

Muchas veces, lo que necesita es simplemente contacto físico. Algunos bebés pueden quedarse tranquilos casi todo el día en el coche o cuna, mientras que otros necesitan contacto físico estrecho y constante. Esto es la materia prima para que el niño/a vaya construyendo la confianza básica, que le permitirá relacionarse bien, con otras personas a futuro. Algunos niños requieren de mucha dedicación y atención por parte de los padres. Cada bebé tiene su propio carácter y tenemos que adaptarnos a ellos desde el principio, para luego ir modulando poco a poco los rasgos que podamos cambiar.

Si dejas llorar a tu hijo sin atenderlo, puede hacer que sea menos saludable, más ansioso y poco colaborador. Probablemente deje de llorar, pero será porque aprende a que no lo van a asistir, lo que contribuye a aprender a desconfiar de los adultos que lo cuidan. Lo recomendable es ver qué es lo que necesita tu bebé, favoreciendo su confianza y haciéndole más independiente con posterioridad.

Y, ¿qué necesita el bebé?

Reclama estar en una situación parecida a la que tenía dentro del útero de su mamá, es decir, con poco ruido alrededor, en un ambiente cálido y confortable. Posteriormente, querrá ser tenido en brazos, acunado, con lactancia materna a demanda, arrullos y arrumacos y un ambiente a una temperatura estable y confortable. Satisfacer estas necesidades favorece un desarrollo adecuado. Cuando la guagua siente algún desagrado o molestia y sus papás le abrazan y confortan, el bebé se siente seguro y confirma que puede ser calmado y asistido por otro, y aprende que el otro puede satisfacer sus necesidades. Si no es así, el bebé puede desarrollar una falta de confianza en las relaciones interpersonales, en los demás y en sí mismo. Esto es especialmente importante si el pequeño ha sido hospitalizado o ha tenido que someterse a procedimientos dolorosos o incómodos como kinesioterapia, alguna operación u hospitalización.

Fuente: Diario Mi Hijo Ed.35 (Publicado en el sitio Sochipe)

Colecho: ¿es bueno o malo dormir con los papás?

No existe unanimidad en la comunidad científica respecto de este tema. Mientras algunos estudios de crianza apoyan dormir con los hijos (colecho), otros defienden que hay más peligros que beneficios. Todo dependerá, en gran parte, de la edad de los niños.

No es lo mismo que un recién nacido duerma con los papás, a que lo haga un niño de 8 años. Aunque parezca poco probable, aplastar al bebé o provocar su asfixia involuntaria son los principales riesgos por los que los pediatras desaconsejamos dormir con ellos. También porque de esta forma se puede ver afectada la vida conyugal y, dependiendo de las condiciones, interferir con un sueño reparador.

Ventajas del colecho

• Facilita la lactancia nocturna. La mamá descansa mucho mejor ya que puede darle el pecho cuantas veces quiera sin tener que levantarse, haciendo que el amamantamiento sea algo más placentero. La lactancia nocturna es muy importante durante los primeros meses, ya que es cuando el organismo pone en circulación una mayor cantidad de prolactina, la hormona que estimula la secreción de la leche, lo que viene a traducirse en que, cuanto más pecho tome el bebé por la noche, más leche tendrá la mamá durante el día.

• Da tranquilidad a los papás, sobre todo a los primerizos, ya que es frecuente el tener que levantarse a mirar al bebé por temor a que no esté respirando bien.

• Parece que los bebés que duermen con sus padres duermen más (o se despiertan menos). Si cuando despiertan notan la presencia de sus padres, enseguida vuelven a dormirse, mientras que si se encuentran solos, reclaman a sus padres como ellos saben hacerlo: llorando.

Desventajas del colecho

• No todos los papás logran descansar cuando duermen con sus hijos, ya que éstos se mueven mucho durante la noche, dan patadas, se despiertan, etc.

• Pérdida de la intimidad de la pareja.

• Puede aumentar el riesgo del síndrome de muerte súbita (SMS).

En resumen, como Sociedad Chilena de Pediatría, recomendamos lo siguiente:

1. La forma más segura de dormir para los lactantes menores de seis meses es en su cuna, boca arriba, cerca de la cama de sus padres. Existe evidencia científica de que esta práctica disminuye el riesgo de SMS en más del 50%.

2. La lactancia materna tiene un efecto protector frente al SMS y, por otro lado, el colecho es una práctica beneficiosa para el mantenimiento de la lactancia materna, pero también se considera un factor que aumenta el riesgo de SMS por lo que NO debe ser recomendado en:

• Lactantes menores de tres meses de edad.

• Prematuridad y bajo peso al nacimiento.

• Padres que consuman tabaco, alcohol, drogas o fármacos sedantes.

• Situaciones de cansancio, especialmente de cansancio extremo, como el postparto inmediato.

• Colecho sobre superficies blandas, colchones de agua, sofá o sillones.

• Compartir la cama con otros familiares, con otros niños o con múltiples personas es sinónimo de hacinamiento, condición indeseable desde el punto de vista de la salud pública dado que suele acompañarse de promiscuidad NO asumida ni reconocida por los adultos.

Fuente: Diario Mi Hijo Ed.35 (Publicado en el sitio Sochipe)

DIENTES DE LECHE, ¿ES BUENO O MALO SACARLOS?

Normalmente, la presión que ejerce el nuevo diente que viene se encarga de que se caiga el diente de leche que ocupa su lugar, por lo que suelen caerse solos. Cuando está prácticamente suelto, a punto de caerse, tanto que incluso le molesta para que el pequeño coma o hable, es el momento en que se le puede quitar fácilmente.

Alrededor de los 6 años de edad es cuando empiezan a cambiarse los dientes y hasta los 12 años, cuando ya se renovaron los 20 dientes de leche, reemplazados por los 28 dientes permanentes. Desde que un diente comienza a moverse hasta que finalmente cae pueden pasar algunos meses, por lo que muchos papás no saben bien qué hacer ni cómo intervenir cuando el diente empieza a aflojarse.

Las típicas técnicas heredadas del saber popular, como el hilito para tirar del diente suelto con violencia, no suelen ser adecuadas, ya que el diente todavía puede estar bastante anclado. Sacarlo antes de tiempo puede producir una herida que se puede infectar y seguro será muy doloroso. Es mejor que cuando esté bien suelto, sea el propio pequeño quien se lo quite, pues él sentirá si le duele todavía o no.

El 99% de los dientes de leche se caen solos. Únicamente el uno por ciento restante son aquellos dientes que, aún apareciendo el nuevo, no se cae. En estos casos hay que acudir obligatoriamente al dentista (u odontopediatra por ser niños).

Nuestra recomendación es dejar que los dientes de leche se caigan solos. Ahora, si quieres apoyar en este proceso, estos consejos te pueden ayudar:

1.- Si tu niño se queja porque le molesta el diente suelto y se lo quieres tocar, siempre lávate bien las manos con agua y jabón.
2.- Si aún no está suelto del todo, entonces no estará listo para ser sacado. Lo mejor es esperar un poquito más y motivar al propio niño que lo mueva.
3.- Si está bastante suelto y evalúas que es hora de sacarlo, lo más indicado es poner una gasa alrededor del diente para tirarlo.
4.- Sugiere a tu pequeño que mueva el diente con cuidado antes de girarlo para que no sienta ningún dolor asociado con el movimiento del diente.
5.- Luego de sacarle el diente, coloca un trozo limpio de gasa en el espacio de la boca que ha quedado para detener cualquier sangrado, y ayúdalo a enjuagarse la boca después de que deje de sangrar.
6.- Y luego… A esperar al ratoncito o al hada de los dientes…

Fuente: Diario Mi Hijo Ed.35 (Publicado en el sitio Sochipe)

¿SE PUEDE QUITAR EL HIPO?

Fuente: Diario Mi Hijo Ed. 41

El músculo que separa los pulmones del abdomen es el diafragma. Gracias a él podemos respirar ya que su movimiento permite vaciar y llenar los pulmones. Cuando el diafragma se contrae de forma repetida, involuntaria y brusca, se produce el hipo.

Cuando se produce, en lugar de inhalar aire, lo exhalamos al tiempo que se cierran las cuerdas vocales, favoreciendo el “hip”, sonido característico del hipo.

No existe una conclusión científica que determine con seguridad por qué se produce el hipo, pero sí que en bebés se relaciona con la inmadurez del sistema nervioso y digestivo.

El sistema nervioso controla los músculos de nuestro cuerpo, y las irritaciones de algunos nervios (como el nervio frénico y nervio vago) pueden causar movimientos y contracciones no deseados del diafragma. Los niños prematuros, cuyos órganos son más inmaduros, tienen más hipo que los bebés nacidos a término. De la misma manera, los recién nacidos tienen más hipo que los bebés de seis meses.

Algunas causas relacionadas con la inmadurez del sistema digestivo pueden ser:

• Distensión del estómago. Cuando los bebés muy pequeños están muy hambrientos tienden a comer con ansia, tragando en ocasiones mucho aire, lo que se llama aerofagia, pudiendo provocar hipo.

• Problemas para agarrar el pezón, favoreciendo la entrada de aire.

• Chupetes con agujeros muy grandes o muy pequeños que dificultan la toma, o con formas inadecuadas.

• Reflujo gastroesofágico, que irrita el esófago y el diafragma.

• Cambios en la temperatura gástrica y corporal.

• Ansiedad o estrés emocional.

Si el hipo aparece cuando el bebé está aún comiendo, deberemos cambiarle de posición e intentar que eructe o que se relaje. La postura ideal es en posición vertical. Conviene esperar hasta que el hipo se pase para volver a darle de comer.

Aunque es molesto, el hipo no causa ningún daño en los bebés. Normalmente desaparece pronto y la guagua recupera la respiración normal. No hay forma de eliminarlo, tan solo se puede prevenir alimentando al bebé cuando esté tranquilo y antes de que tenga demasiada hambre, para que coma más despacio y no trague tanto aire. Como es un fenómeno normal y que es transitorio, no le administres medicamentos o productos no controlados. Solo en caso de que el hipo dure más de 48 horas, deberá consultarlo con su pediatra.